Marina Curci
La naturaleza poetizada |
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1. Jardín de fuego. Acuarela y carbón
sobre papel, 2010
2. Ladera. Acuarela y pastel tiza
sobre papel, 2010
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Acercarnos a la pintura de Marina Curci es querer aferrar lo que parecen ser hojas, matorrales enmarañados. Es querer desentrañar lo que estamos viendo y de esta manera acercarnos a un rincón de naturaleza poetizada.
Sin embargo, lo que pinta está tan lejos de nosotros que esa naturaleza se nos escapa sumergiéndose en un indescriptible mar. Es difícil sentir que el agua no pasa entre los tallos, las flores, las hojas. Esta pintura no es un pedazo de realidad, aunque comience en ella.
Marina nos descubre un mundo encantando, tejido por un laberinto que lo ata y lo desata. Arabescos que crecen transformados en puro juego de la imaginación, arabescos que parecen enroscarse en nuestros sueños, arabescos que parecieran cerrar horizontes al mismo tiempo que abren otros, donde lo luminoso del rayo de sol queda atrapado.
Entramos en esos laberintos atraídos por lo que parece simple y nos encontramos con sombras crepusculares, donde conviven el encanto de lo velado y la complejidad de lo opaco sin sonido.
Sólo una pintura en la que canta la vida de otros mundos.
Guillermo Roux
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| Publicada en TODAVÍA Nº 24. Noviembre de 2010 |
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