Pixo
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| Galería
tipográfica
a cielo abierto |
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por thiago kaczuroski
Periodista, San Pablo, Brasil
Fotografías
choque photo |
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N. de la T.:
Las palabras pixação, pixo, pixador/a derivan de piche (brea o alquitrán en portugués). Aluden a un tipo de “pintada” que originalmente se realizaba con brocha.
para unos es producto de un vandalismo que sólo sirve para ensuciar la ciudad. Para otros es una manifestación legítima de arte, que incorpora interesantes aspectos tipográficos en una curiosa manifestación de caligrafía urbana. El hecho es que los pixos (cuyo equivalente en castellano rioplatense sería, quizás, la “pintada”) están por todas partes en San Pablo y es prácticamente imposible ignorarlos.
El pixo, como prefieren llamarlo cultores y entendidos, aparece en muros, fachadas, monumentos, túneles y hasta en las paredes de los edificios más altos de la ciudad. En todos los barrios nos topamos con esos grafismos, muchas veces incomprensibles para quienes no están habituados a “leer” las letras trazadas con tinta casi siempre negra.
Los pixadores paulistas provienen, en su mayoría, de las clases bajas, que enfrentan graves problemas sociales como la enseñanza precaria, la falta de empleo y la violencia. El pixo es una forma agresiva de mostrarle a la gran urbe que sus hijos rechazados están ahí, aunque incomoden y sean odiados como se ve en el documental Pixo, dirigido por João Wainer y Roberto T. Oliveira y exhibido en muestras y festivales del Brasil y el extranjero (de próxima aparición en formato DVD).
En San Pablo el pixo siempre se consideró marginal. Mientras el grafiti brasileño gana estatus de arte y termina su periplo en las galerías, las “pintadas” son de la calle y para la calle. “Al pixador no le interesa escribir sobre una tela y decir que es arte. Eso es algo mucho más elaborado, los artistas que andan exponiendo por ahí trabajaron para refinar sus obras”, afirma el diseñador y artista visual Tony de Marco, que firma con el tag Pixotosco.
Pero los pixadores no parecen preocuparse demasiado por la fama o el estatus de arte. Las acciones de los diversos grupos dispersos por la ciudad transforman a San Pablo en una caótica aunque interesante galería tipográfica a cielo abierto.
La pixação es un juego de poder. Pretende lograr que el mayor número de personas vea que el pixador y su grupo pasaron por allí. Por eso –fieles a la lección aprendida de la publicidad en la vía pública– los pixadores comenzaron a buscar los puntos más altos para dejar su marca. Entre los pixadores, invadir un edificio o escalarlo por el lado de afuera arriesgando la vida vale más que pixar un muro o un monumento. Hay por lo menos un mandamiento fundamental en la cultura de los pixadores: “atropellar” –es decir, escribir encima de una pixação preexistente– es una grave falta de respeto que puede provocar discusiones y peleas entre grupos.
Las pixações en muros y puertas de establecimientos comerciales terminan generando lo que se conoce como “agenda”: la aglomeración de varios pixos en espacios en blanco, que forman una especie de “colcha de retazos” con tags de diversas escrituras diferentes.
No existe una regla para la creación de las letras. Cada pixador inventa su estilo, según la estética de la grife (marca) de la que forma parte. Como el pixo generalmente se hace en situaciones límite, donde la acción necesariamente debe ser rápida, las letras casi siempre se componen de trazos únicos y finos, sin curvas elaboradas. “Hoy en día hay pixadores que hacen letras casi indescifrables. Es parte del juego, hacer que las personas intenten descifrar, entender lo que está escrito”, afirma Tony de Marco.
Traducción: Teresa Arijón
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| Publicada en TODAVÍA Nº 23. Junio de 2010 |
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tags, gangues y grifes
Un pixo normalmente sigue una organización. Por lo general, los mensajes incluyen el tag (firma) del pixador; el nombre del grupo con el que anda y practica sus intervenciones –gangues (pandillas), así los llaman–, y muchas veces una grife (marca) –que es el nombre de un grupo más grande, más abarcativo, que suma diversas gangues de una región o algunos conocidos en común–. Las pintadas también pueden incluir la fecha de su realización y algún otro mensaje.
delito
Los pixadores corren riesgos en caso de ser apresados por la policía. Hay muchos relatos de pixadores que fueron atrapados “con las manos en la masa” por la policía paulista o con partes del cuerpo pintadas de tinta. En caso de ser trasladados a la comisaría, generalmente quedan encuadrados bajo el artículo 163 del Código Penal brasileño sobre daños y perjuicios: “Destruir, inutilizar o deteriorar una cosa ajena”. La pena de cautiverio puede ser de un mes a tres años, dependiendo de las condiciones del delito.
ataques
El 16 de junio de 2008, un grupo liderado por el estudiante de artes visuales Rafael Guedes Augustaitiz invadió la Facultad de Bellas Artes de San Pablo, pixando todo lo que encontraba a su paso. El joven, que firma con el tag Pixobomb, afirmó que aquel era su trabajo de fin de curso y que el grupo merecía exponer allí sus obras. Fue la primera de las cuatro grandes acciones del grupo… que tuvo como resultado la expulsión de Rafael de la facultad sin otorgarle ninguna posibilidad de obtener el diploma.
El grupo también invadió la Galería Choque Cultural –espacio que se hizo conocido por exponer trabajos de artistas con temáticas urbanas– en la inauguración de la 28va Bienal de San Pablo y dejó su marca en el segundo piso del edificio, premeditadamente vacío. (La pixadora Caroline Pivetta da Mota, por entonces de 23 años, fue atrapada “in fraganti” y pasó 53 días presa. En 2009 fue condenada a cuatro años de cárcel en régimen semiabierto por formación de pandilla y destrucción de un bien protegido por ley. El juicio todavía está evaluando algunos recursos).
Durante el ataque más reciente, ocurrido en marzo de este año, el grupo hizo pintadas en uno de los mayores paneles de grafiti de la ciudad con obras de la dupla OsGêmeos, entre otros, cuyo trabajo es reconocido internacionalmente.
paneo histórico
La pixação atravesó un cambio significativo en el Brasil. En la década de 1960, en plena dictadura militar, aparecía de vez en cuando en las protestas políticas, siempre con frases contrarias al gobierno y palabras de orden siguiendo el ejemplo de algunos países europeos como Italia y España. En los años ochenta comenzó a adquirir la forma que vemos hoy, inspirada en los grafitis de los subterráneos de Nueva York.
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