| Dibujos y acuarelas de Jorge Macchi |
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| El rastro de los días |
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| por VALERIA GONZÁLEZ Historiadora de arte, Universidad de Buenos Aires |
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Salvo la imagen de un perro dormido, y quizás la de un insecto, los dibujos de Jorge Macchi evitan demorarse en la plasticidad de las tintas. Van directo al punto, como si fueran ideogramas de su universo mental. No sólo el estilo gráfico, también el procedimiento imaginario es voluntariamente sencillo: basta con el recurso surrealista de la asociación libre. Un paisaje encerrado en el filo de un cuchillo, una olla que contiene el universo, una sierra que se hiere a sí misma, una pileta azulejada en el interior de un piano de cola, árboles que se ramifican como mapas de carretera, como cornamenta de venado, como manos, como mangos de herramienta, como fósforos apilados o tentáculos de medusa.
Si el título de su libro Block alude a algo marginal, como un cuadernillo de notas sueltas de un conocido novelista, debemos agradecerle que nos recuerde eso que puede perderse de vista frente a la eficacia y el rigor de sus “grandes” obras. Imagen, procedimiento y concepto se articulan en los trabajos de Macchi con tal coherencia que corremos el riesgo de olvidar la metáfora poética que les da origen. Que alguien haya visto la similitud entre una necrológica del diario y los nichos seriados de un cementerio quizás esté más a nuestro alcance que evocar el momento en que Macchi, bajo la gloria barroca de un antiguo oratorio veneciano, imaginó a un simple mortal empeñándose en saltar para alcanzar el cielo. Ese instante en que lo contundente puede ser resumido en una simple frase es lo que reflejan estos dibujos. Me atrevería a calificar de autorretrato a uno de ellos, aquel donde un hombrecito concentrado en la lectura de su libro está encerrado adentro de un riñón. ¿Puede la pasión intelectual alojarse en las entrañas?
La potencia de cada ser, dijo Spinoza, se expresa en su capacidad de ser afectado, de componer su propio mundo relevante. La pregunta ética sería: ¿qué es lo que usted considera importante? Los dibujos de Macchi podrían definirse como un muestrario de los objetos de su afección. Relojes, calendarios, abecedario, patrones métricos, partituras, mapas, herramientas, instrumentos musicales. Como en el sistema matemático o en los sueños, un número discreto de signos se revela capaz de combinatorias infinitas. Una cosa elemental, como un fósforo, puede contener la cifra de toda existencia: la promesa de arder e iluminar al costo de su propia extinción. La decisión de Jorge Macchi de publicar sus dibujos es valiente como toda confesión. Su obra, finalmente, se nutre de la misma y única fuente universal: la sexualidad y la muerte.
Globos, chorros, derrames, un sifón, sombras, pelos alargados, un volcán. Figuras humanas y objetos animados expiden fluidos, muestran su interior. Se entrelazan, se traban unos con otros, o con su propio reflejo. El espacio inmaterial de las relaciones, los sentimientos, la temperatura, las ondas sonoras, cobran forma también, como en la madeja de líneas que liga dos atriles o las salpicaduras sanguíneas que emanan de dos sillas enfrentadas o las dos cabezas humanas en los puntales de un mango de sierra curvo, que comienzan vociferando cara a cara y terminan dándose la espalda, indiferentes.
No se trata de bocetos. No sirven para reconstruir el proceso de creación de otra obra, ni depende su sentido final de algo externo a ellos mismos. No son medios instrumentales. El valor de estos dibujos es que precisamente testimonian un tiempo de imaginación, tarea y pensamiento flotantes, desligados de un objetivo productivo. Si, a diferencia de otras profesiones, el artista es todo el tiempo artista ¿qué significa su tiempo “libre”? Machi no se presenta aquí como hacedor, nos deja espiar los rastros de sus días.
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| Publicada en TODAVÍA Nº 21. Mayo de 2009 |
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| Jorge Macchi |
Artista visual. Nació en Buenos Aires en 1963. Cursó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Realizó exposiciones en el Museo Blanton, Austin, Texas (USA), en el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, Santiago de Compostela (España), en la Universidad de Essex (Inglaterra), en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Argentina) y en el Museo de Arte Contemporáneo de Amberes (Bélgica). Participó de las bienales de La Habana (2000), Porto Alegre (2003 y 2007), Estambul (2003), San Pablo (2004) y Venecia (2005). En 2000 recibió el premio Banco de la Nación Argentina y en 2001 la beca Guggenheim. Entre 1994 y 2002 realizó varias residencias en el exterior. Vive y trabaja en Buenos Aires. |
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