San José
El cafetal cementado
por FLORENCIA QUESADA Historiadora, Universidad de Helsinki
Ciudad-jardín
Una de las características sobresalientes de la pequeña capital costarricense, desde que se inició la producción cafetalera a comienzos del siglo XIX y hasta mediados del siglo XX, fue la de ser una ciudad literalmente sumergida en el verdor de sus contornos dominados por extensas plantaciones de café: una ciudad-jardín. Los viajeros extranjeros que visitaron San José lo resaltaron en sus bucólicas descripciones haciendo referencia a los tonos “verdeazulados” del valle, a la eterna primavera de la ciudad tropical, a las hermosas vistas de las cordilleras, a los volcanes de fondo y especialmente a los cafetales verdes y perfumados que en su época de floreo embalsamaban el aire con sus deliciosas fragancias. Una capital donde los límites entre lo urbano y lo rural fueron difusos, y el campo dominaba el paisaje “urbano”.
El Valle Central de Costa Rica fue la zona donde se concentraron desde el período colonial las cuatro ciudades principales del país (Cartago, Heredia, Alajuela y San José), tan próximas entre ellas que un visitante extranjero señaló que, si se extendiera un gran manto, las cuatro quedarían cubiertas. A diferencia de otras capitales latinoamericanas, San José fue una ciudad de fundación tardía en la Colonia, que llegó a convertirse en la capital del país sólo en las primeras décadas del siglo XIX; desde entonces ha sido la rectora de la vida política, económica, cultural, social y demográfica del país.
En los últimos años, la ciudad-jardín fue suplantada por una extensa red que conforma la Gran Área Metropolitana (GAM) y en donde se concentra alrededor del 50% de la población total del país en tan sólo 1,5% del territorio nacional. Las cuatro ciudades, antes separadas y diferenciadas por campos y cafetales, son ahora parte de esa mancha urbana que se pierde en el horizonte. Los cafetales han desaparecido casi por completo, para dar paso a compactas urbanizaciones que se multiplican sin organización ni planificación. Y las partes ya se tocan. Junto a los residenciales amurallados, pegados como sardinas en lata, también proliferan por doquier los tugurios, casas de cartón con techos de zinc en lotes baldíos, en barrancos y despeñaderos. Esa ciudad informal es parte, pero no lo es; parece“invisible”, pero está muy presente.
Costa Rica es hoy uno de los destinos turísticos más populares en América Latina. Un país que se promociona y se vende como ecológico y pacífico, “sin ingredientes artificiales”, como reza el eslogan turístico. Contradictoriamente, tiene una capital que no le hace fama a su nombre. San José es una ciudad gris, gris-cemento donde el verde se reduce a pequeños oasis de parques, herederos en su mayoría del urbanismo de finales del siglo XIX. Es una ciudad contaminada por su aire, por sus problemas de suciedad, de congestionamiento vial, sónico y visual (debido a las miles de vallas publicitarias que destruyen el paisaje), llena de contradicciones y de divisiones sociales y económicas cada vez más marcadas. Mal de muchos, consuelo de tontos, San José comparte en pequeña escala los problemas de las grandes metrópolis latinoamericanas.
Sin planificación urbana, la batuta de la expansión la han marcado las catedrales del consumo del siglo XXI: los megacentros comerciales (malls=males) en los suburbios. Alrededor de ellos se encuentran las múltiples urbanizaciones amuralladas y blindadas de las clases altas y también las de las clases medias que imitan la misma forma de asentamiento. Este parece ser el “modelo” urbano, el único organizador actual del crecimiento. Dentro de estas reglas del juego, la ciudad está diseñada y concebida para el consumo.
Ciudad-cárcel
San José es, además, una ciudad percibida como violenta e insegura, y sus pobladores viven en verdaderas cárceles: entre rejas, con alarmas, barrotes, doble llave, muchas cadenas. Una ciudad-prisión que sufre una psicosis colectiva del miedo. ¿Cuál fue el delito cometido por los habitantes de esa “democrática” ciudad, condenados a vivir entre rejas? La sensación de inseguridad es desproporcionada y se alimenta y refuerza diariamente con el contenido y la forma sensacionalista en que los medios de comunicación presentan los hechos delictivos. Esta actitud revela un cambio cultural de gran trascendencia que se circunscribe especialmente al medio urbano.
En el documental realizado por Hernán Jiménez, Doble llave y cadena: el encierro de una ciudad (2005), se retratan estas realidades e imaginarios de San José de forma jocosa. Pero, convivir en una ciudad enrejada no solo es estéticamente chocante, sino que proyecta también una mentalidad individualista que ha erosionado el sentido de comunidad en los barrios. Las nuevas generaciones crecen sedentarias y dependientes de la televisión o el nintendo como formas de diversión. ¿Es tan peligrosa y violenta San José? Probablemente no, como lo ha estudiado Armando Silva para el caso de Bogotá, pero estos imaginarios, a partir de los cuales los ciudadanos construyen sus realidades sociales, guían sus acciones y determinan las formas de vivir, habitar, invertir, apropiarse o transitar en la ciudad.
Público versus privado
El centro histórico de San José, al igual que el de muchas capitales latinoamericanas, se ha despoblado y tiene una imagen poco atractiva. Para ciertas clases sociales, impera la idea de que ese espacio originario es un espacio “vacío”, un lugar donde no hay nada que hacer o ver, una ruta de paso para cruzar la ciudad. Claro está que, para buena parte de la población, es el lugar de trabajo. Esta ciudad es la pública, la popular, donde se encuentran la mayoría de edificios del Estado, los principales museos y centros culturales, la banca, y los escasos edificios patrimoniales de la capital (que no fueron derribados por la fiebre demoledora de los años sesenta). Esta ciudad es percibida como caótica, deteriorada, más bien abandonada por algunos y reapropiada por otros. Particularmente, reapropiada por un ejército de indigentes cada día más numeroso, que duerme entre cartones y miseria en las esquinas y calles. Reapropiada también por los bazares de baratijas “made in China”. La otra es la ciudad privada –la de los suburbios– segregada en altas y lujosas torres, con una arquitectura homogénea que se imita hasta el cansancio, como en Miami.
El proceso de despoblamiento del centro, que se inició desde la década de 1960, no se ha revertido. Hasta el momento, esta percepción negativa no ha promovido una generalizada reinversión para dar nueva vida a la ciudad. La imagen actual de San José está muy alejada de la que se construyó a inicios del siglo XX. En ese entonces la ciudad era el orgullo, la representación urbana de la identidad nacional fielmente retratada para la posteridad en tarjetas postales y álbumes en sepia y blanco negro. Se tenía de ella una imagen mítica, la de la ciudad del orden y el progreso, a la que contribuían la arquitectura de influencia europea, los monumentos, parques y alguna que otra curiosidad que celebraba la vida civilizada y moderna. Luego, en los años sesenta, fueron los nuevos símbolos del Estado de bienestar –hospitales, electricidad– los que se exhibían con orgullo. Pero hoy en día las tarjetas postales escasamente representan algún símbolo arquitectónico de San José, con excepción del Teatro Nacional. La naturaleza, los osos perezosos, los tucanes, las mariposas “morpho” o las ranas doradas en vías de extinción son actualmente los símbolos nacionales por excelencia.
¿Será posible otro San José? Vacas y espacio público
Pero no todo son vacas flacas en San José. Desde inicios del nuevo milenio, la Municipalidad, bajo la dirección del alcalde Johnny Araya, propuso un Proyecto de Regeneración y Repoblamiento de la capital cuyo objetivo fue la recuperación y rehabilitación de los deteriorados espacios públicos. La mayor inversión se ha dirigido a la renovación y mantenimiento de los parques y a la construcción de bulevares peatonales en las vías principales. Al mismo tiempo, con la construcción de inmuebles multifuncionales dedicados al comercio y a la vivienda, se ha intentado repoblar la ciudad. Otras entidades públicas han realizado importantes inversiones para esta modernización y también surgieron nuevas propuestas para resucitar los antiguos transportes públicos. En el año 2005, se le dio un nuevo empuje a este proyecto de la municipalidad bajo el lema un “San José Posible”, para convertir el centro en un lugar más transitable, habitable, limpio y seguro. La primera etapa se concluyó este año con la inauguración del Paseo Unión Europea, un bulevar peatonal. Otro de los ambiciosos proyectos es crear un bosque urbano con especies autóctonas para mejorar la calidad de vida y la estética de la ciudad.
Recientemente, un evento extraordinario en San José han sido las 130 vacas estratégicamente ubicadas en los principales bulevares peatonales y parques públicos. De todos colores, sabores y gustos, el cow parade se inauguró en marzo del 2008 y ha transformado el centro en un gran museo abierto –la democratización del arte– en una ciudad no acostumbrada a tener este tipo de manifestaciones culturales. Las vacas han dado un protagonismo muy positivo al espacio público en San José y han devuelto el humor. Y lo más importante, han reconquistado temporalmente su función como sitio para la interacción social. Muchas personas que llevaban años sin ir al centro se han atrevido a frecuentar nuevamente los parques y vencer sus imaginarios del miedo y hasta sacar sus cámaras fotográficas para inmortalizarse frente a la vaca de su preferencia.
No cabe duda de que los bulevares y un desfile de vacas no son la solución a los complejos problemas de San José, pero son pasos positivos que dan esperanza y un tímido aire de cambio, que nos llevan por el camino de crear una ciudad sostenible y de mayor calidad de vida para sus habitantes. El reto para el futuro será el repoblamiento del centro de la ciudad, la inversión en infraestructura para un transporte masivo eficiente entre las zonas del GAM, y una coordinación interinstitucional que permita poner en práctica las soluciones por las que claman a gritos sus habitantes. Para eso, es necesaria una política de estado a largo plazo, un verdadero planeamiento urbano que tenga como prioridad los intereses generales, por encima de los privados, más allá de populismos con miras a las próximas elecciones. •
Publicada en TODAVÍA Nº 19. Agosto de 2008
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Postal de inicios del siglo XX,
con vista panorámica
de San José de Costa Rica
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