¿Saben qué es lo más
visible del legado de un artista?
Que sus creaciones siguen vivas, a pesar de que su autor haya muerto.
Esto es patente en los dibujos de Oski. Sus figuras se mueven, sus
fuegos crepitan, y sus aves sin alas sobrevuelan un espacio prerrenacentista.
Oski vive.
En las criaturas que escapan de la solemnidad que dibujó
con tanta ternura. En sus escenarios de escala humana-grotesca.
Oski es de verdad, como muy pocos lo fueron y lo son en este género.
Hay varios Oskis en la vida de Oscar Conti: uno, primero, de balbuceantes
líneas, deudor criollo del cimbronazo cuarentista de Saúl
Steinberg, y de chistes ingeniosos. Un segundo Oski, el de Rico
Tipo, pavote en Amarroto, inteligentísimo en César
Bruto. Aquí ya está Oski.
Luego está el pintor, al que se conoce poco. Y el Oski recreador
de otros mundos, otros textos, el de las estampas, donde reinventa
el mundo, cada cosa. Ése es el Oski más reconocible
y universal.
(Abro un libro, el de las tablas médicas de Salerno, y veo
la cantidad de tramas y medios tonos, de composiciones que ordenan
el caos, los momentos epifánicos descriptos por el Maestro,
puestas en escena donde todo ocurre a la vez, y lo inmortaliza.
Me pregunto: ¿cuál sería su concepto del tiempo?
Veo el humor, y como Oski sacraliza las escenas y los tiempos, y
me contesto: todos los conceptos del artista Oski desembocan en
el humor).
Oski, línea pura, y color de vez en cuando. Y cuando colorea,
parece un monje vesubiano.
Oski, engrandeciendo los momentos intrascendentes, y desolemnizando
los supuestamente grandilocuentes.
Oski y sus temas: las fundaciones, los animales extraños,
los arbustos, la ciencia, el deporte, las absurdas poses amatorias
humanas con medias soquete, los Faustos enclenques y los Quijotes
que se agachan para entrar en el cuadro. Oski, que solo vivió
65 años. Oski, de quien imagino un dibujo suyo sobre la escena
de su propia muerte. La imagino perfectamente. Y lo imagino siempre
así, su pelo largo, blanco, sus pesados anteojos, bebiendo,
riéndose amargamente de los demás, dibujando tiernamente
para que no nos tomemos la vida y la ciencia tan en serio.
Oski vive, a pesar de las malas praxis científicas.
Y sus dibujos se mueven, y siguen curándonos.
MIGUEL REP humorista, ilustrador
Publicada en TODAVÍA Nº 17. Agosto de 2007