En el año 2002, Arte/Cidade se dedicó
a indagar las condiciones urbanas y sociales que caracterizaban
la zona este de San Pablo. Las tres intervenciones artísticas
que se describen a continuación son parte del resultado de
ese proceso.
La intervención de José Resende ocupó
una amplia zona delimitada por una vieja estación ferroviaria
y un depósito de almacenaje de granos. Allí se presentaban
de manera ejemplar elementos típicos de las metrópolis
en transición, en las que la aceleración de las transformaciones
urbanas convive con la inercia de los materiales abandonados. El
terreno plano, sin referencias visuales próximas, y la presencia
de innumerables vagones de tren desactivados dificultaban la aprehensión
visual del lugar. Resende no tomó los vagones exactamente
como objetos o formas escultóricas, sino como elementos para
configurar un espacio mucho más amplio: la estación
ferroviaria y sus alrededores. Y su intervención consistió
en inclinar hacia arriba algunos de los vagones, a través
de cables de acero y pesados topes que permitían que se apoyaran
unos sobre otros. Esta disposición sugería formas
alternativas de recorrer y transitar la zona.
La propuesta del artista Antoni Muntadas consistió
en colocar placas conmemorativas en aquellos lugares de esta zona
que habían sufrido situaciones de desastre urbanístico
y social. Las placas, que reproducían las que se usan en
las inauguraciones de obras públicas, indicaban la fecha
e identificaban a los responsables de cada hecho. Todos estos monumentos
a las catástrofes urbanas figuraban en un mapa de la región
especialmente confeccionado, reflejo del penoso itinerario que la
población debe recorrer a diario. El proyecto se completó
con postales que, en lugar de mostrar los sitios turísticos
de la ciudad, exhibían las situaciones denunciadas.
Maurício Dias y Walter Riedweg trabajaron a partir de la actividad de los vendedores callejeros
de un sector de la zona, donde la ocupación informal diluye
todas las distinciones, fronteras y contornos. Filmaron cortometrajes
al estilo de los spots publicitarios, en los que aparecían
aproximadamente una docena de vendedores que anunciaban sus productos
y hablaban de sus vidas. Los videos se proyectaron luego en las
carpas de cada uno de ellos, cubiertas por lonas estampadas con
sus fotografías. En el centro del lugar se construyó
una estructura de dos pisos desde la que se emitian esas imágenes
y que servía a su vez como punto de encuentro y mirador.
De esta manera lograron instalar un dispositivo paralelo al circuito
dominante de la publicidad, la comunicación y el consumo.
Este dispositivo permitió que la identidad y la historia
de los actores sociales excluidos de la economía formal y
de las otras instancias de la ciudadanía encontraran un canal
de manifestación.
Publicada en TODAVÍA Nº 13. Abril de 2006
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