TodaVÍA / Fundación OSDE / diciembre de 2002

TEATRO

Proyecto Feria: contadores de historias entre frutas y verduras

por CARLOS PACHECO periodista y crítico teatral

De la renovada escena teatral uruguaya, sobresale la obra de Mariana Percovich, cuya propuesta escénica consiste en montar espectáculos en lugares no convencionales, como estaciones de trenes  abandonadas o viejos edificios en ruinas. Entre sus últimas producciones, se destaca Feria, un trabajo callejero que acerca la ficción a quienes recorren los mercados municipales de Montevideo.

En la década del noventa el teatro uruguayo comienza a modificar muchas de sus estructuras formales. Una nueva generación de teatristas se impone con fuerza desde ámbitos alternativos y algunos de ellos hasta llegan a ser convocados por la Comedia Nacional, una de las entidades teatrales más importantes del país, para dirigir en ella.

Mariana Percovich está entre estas nuevas figuras. Integrante de la generación de creadores que hoy tiene treinta años, se inició en el periodismo y la crítica teatral y después de varias temporadas de reseñar el panorama escénico de su país decidió, inesperadamente, tomar el camino de la creación. Desarrolló su formación en Uruguay y la completó en Europa, sobre todo en el terreno de la dramaturgia.

Desde su primer espectáculo dejó en claro que, como directora, sus búsquedas se proponían quebrar con el drama realista y con el escenario a la italiana. Te casarás en América (1997) era un unipersonal que se presentaba en una vieja sinagoga, donde una única actriz contaba historias de inmigrantes. Ese trabajo inicial se presentó en Buenos Aires, Brasil y España. Luego siguió Destino de dos cosas o de tres, del argentino Rafael Spregelburd. La obra fue montada en una estación de trenes abandonada, donde transcurre toda la acción. Aunque en Uruguay ese transporte fue sacado de circulación hace varias décadas, Percovich logró que una línea se reactivara para su trabajo y que los espectadores llegaran por ese medio a las funciones.

Más tarde estrenó Juego de damas crueles, de otro argentino, Alejandro Tantanián. La puesta se concretó en una vieja caballeriza, donde los espectadores debían recorrer distintos ambientes para seguir la acción de la obra.

Ya en su labor como dramaturga, una de sus piezas, La extraviada, toma el caso real de una mujer montevideana, maestra de profesión, que terminó abandonada en la ciudad por una familia que le quebró el destino y una sociedad que no pudo hacerse cargo de ella. Estuvo tres temporadas en cartel y hace poco se estrenó en La Plata, en el marco de un encuentro sobre teatro y memoria.

Entre sus producciones de este año se destaca El errante de Nod, una historia vampiresca concebida por Ana Solari. El espectáculo se montó en el viejo edificio del Jockey Club de Montevideo, un lugar hoy abandonado y lleno de despojos que fueron usados para la puesta. Las acciones se sucedían en los once pisos de la edificación e incluso en las escaleras que conducen de un piso a otro.

Algo que debe remarcarse es que en esta necesidad de trabajar espacios no convencionales hay también en Mariana Percovich otra intención: la de forzar al espectador a ejercitar su memoria. En el último caso, el Jockey era el lugar donde se reunía la alta sociedad uruguaya en los años treinta y, en consecuencia, era un espacio ligado a la política y el poder económico. Hoy es casi una ruina.

La feria como espacio escénico
El año pasado la directora fue convocada por los programadores del Festival Internacional Mercosur, de Córdoba, Argentina, para que montara un trabajo callejero. Ella propuso el Proyecto Feria, una experiencia que tuvo lugar en las distintas ferias francas de la ciudad.

Por las mañanas un grupo de actores salía por las ferias a contar historias que conmovían tanto a los vendedores como a los clientes, quienes, sorprendidos mientras compraban frutas o verduras, se detenían a compartir un momento representacional.

Este año Feria se está haciendo en Montevideo. Percovich presentó el proyecto a la Comedia Nacional Uruguaya. El elenco está integrado por 16 intérpretes, parte de los cuales son actores del elenco oficial y otros egresados recientes de la Escuela Municipal de Teatro. Eduardo Lombardo, director de la murga Contrafarsa, y el compositor Fernando Cabrera le pusieron música a la experiencia y le imprimieron mayor vitalidad. La selección musical incluye tangos, milongas y valses criollos.

"La historia del Proyecto Feria –explica la directora– es el resultado de un proceso de investigación teórico-práctica que se inicia con mi carrera de directora teatral y de dramaturga. Como primera premisa de trabajo estaba interesada en la relación del hecho teatral y de la representación con los espacios urbanos, cerrados o abiertos, con Montevideo y su historia arquitectónica; y por otro lado me interesaba trabajar sobre la trama de nuestra sensibilidad nacional, de nuestras historias escondidas, de nuestro pasado como país y nuestro presente cultural. El Proyecto Feria es el resumen de una búsqueda de seis años."

"Cuando empecé a preparar este proyecto –cuenta Mariana Percovich– lo primero que hice fue ponerme a estudiar el tema. La dramaturgia tiene dos fuentes: la primera es el imaginario personal. La feria me atrae, es un lugar al que me gusta ir a pasear, aunque no tenga nada que comprar. La segunda fuente apareció a través de una investigación. Revisé la historia del teatro, analicé quiénes fueron los funámbulos, qué pasaba con los contadores de historias, con las ferias medievales. Así, elegí dos modelos: la feria de fenómenos, aquella en la que se podía ver a la mujer barbuda, al hombre con cabeza de araña, que era muy común en Europa, y la feria más cotidiana, la que para nosotros es más convencional."

Contar historias
"Muy buenos días, señoras y señores, niños y jóvenes que visitan esta hermosa feria. Además de comprar frutas y verduras y otros artículos, esta mañana ya se habrán dado cuenta de que la feria les ofrece una novedad, una sorpresa; tenemos una historia en cada puesto, encontrarán a unas hermosas damas y unos extraños caballeros que tienen cosas increíbles para contarles: la mujer ballena, los amantes suicidas, el mártir de los pies, entre otras historias que ya irán descubriendo. Inmigrantes y aventureros les contarán sus historias, pero antes el grupo de damas y caballeros que llegaron para entretenerlos esta mañana de feria se quieren presentar a ustedes con una canción..."

Así comienza la experiencia y así el espectador ingresa en un juego maravilloso que, integrando a su realidad una pequeña dosis de ficción, cambiará inesperadamente su día.

Entre las historias que se cuentan hay para todos los gustos. Algunas poseen tintes melodramáticos y otras son claramente fantásticas. Vidas de inmigrantes se cruzan con anécdotas más extravagantes. En ciertos relatos la sensibilidad de cada espectador sólo puede dejarse llevar, pero en otros debe aportar una cuota de fantasía importante. En cuanto a los personajes, también hay para todos los gustos: seres deformes que exhiben sus miserias, hombres y mujeres que llegan de otras tierras cargados de nostalgia, un marinero, una niña y una mujer ciega que parecen salidos de un folletín.

El cliente/espectador va recorriendo los puestos y al toparse con un actor no puede seguir de largo. Inmediatamente se detiene a escucharlo. Cada actor, de acuerdo con su personaje, maneja un registro distinto de interpretación. Es notable, además, cómo el público participa comentando o acotando aspectos del relato.

"Cuando todo empezó –recuerda la directora, refiriéndose a la experiencia cordobesa–, pensé en tomar el espacio público, pero hasta que no hice el primer ensayo no pude comprobar si eso era posible. La mayoría del público no era público de teatro. Con el correr de las funciones la gente comenzó a agradecernos nuestro trabajo. Nos agradecían que aportáramos un poco de alegría en un país que estaba tan triste. La gente nos regalaba flores, frutas, el churrero nos daba churros, los feriantes conocían las historias y hasta tenían sus predilecciones. Algunos improvisaban textos como ‘...¡Venga, señora, venga!, ¡compre acá que tenemos show!’. Por el contrario, la feria terminó apropiándose de todos nosotros."

Hoy, en Montevideo, el espectáculo recorre la ciudad con una gran infraestructura técnica y ya está previsto que el año próximo salga de gira por las ferias del interior del país. Si bien Feria tiene ahora un mayor desarrollo en sus historias, exhibe un cruce actoral de distintas generaciones –lo cual es muy fuerte–, e incluso está más consolidada una estructura en la que predomina, como dice Percovich, "el fenómeno feria", la relación con el público sigue siendo igual de intensa.

"En Montevideo –comenta la creadora– la experiencia es impactante. Mucha gente que no va al teatro pero conoce mi trabajo se acerca a decirme que nunca habían podido pagar una entrada para ver uno de mis espectáculos y agradecen que la propuesta llegue gratis a su barrio. Todo es muy emocionante. Los espectadores terminan bailando un vals muy tradicional, que en Uruguay es como un himno, ‘Desde el alma’."

"Proyecto Feria es un pequeño juguete brillante –sintetiza Mariana Percovich– que uno puede encontrar en la calle. Me parece que la sensación que provoca es la de toparse con una caja de sorpresas, con purpurina, que brinda un momento de magia y fantasía. Creo que ésa es la mejor metáfora." •