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TodaVÍA
/ Fundación OSDE / mayo de 2002
OPINIÓN
La globalización
pasiva:
¿Un círculo vicioso?
por
RICARDO SIDICARO
Doctor en Sociología
Los
procesos de globalización crean una realidad nueva, cuya dinámica
no puede entenderse con ideas del pasado. Hoy resulta necesario reflexionar
sobre el futuro de los países que adoptaron formas de globalización
pasiva, es decir, que abrieron su economía y su cultura sin poner
ningún tipo de restricciones a los poderosos actores internacionales.
Es
indudable que los habitantes de nuestro planeta han alcanzado en el
presente un altísimo grado de interdependencia. Un avance tecnológico
realizado en un país puede tener consecuencias enormes en otro
muy lejano. La producción, los servicios, las ideas y hasta las
convicciones más íntimas de los sujetos son afectados
por cambios que provienen de las antípodas de sus lugares de
residencia y se expanden a una velocidad vertiginosa. Es cierto que
los vasos comunicantes que unen a las diferentes naciones y regiones
no constituyen, en sentido estricto, una novedad de los tiempos actuales.
Lo reciente e inédito no son las interconexiones entre realidades
distantes, sino que éstas conforman un sistema cuya complejidad
es muchísimo mayor que la imperante otrora.
Quienes
pretenden asimilar lo nuevo a lo viejo pueden encontrar similitudes
y, en un intento argumental no carente de cierta lógica, probablemente
ilustren sus afirmaciones con grandes ejemplos: desde las Cruzadas y
los viajes de Colón, hasta las inversiones de las empresas multinacionales
y los rasgos que las caracterizaron hasta los pasados años ochenta.
Si bien no cabe minimizar las consecuencias de los anteriores procesos
de difusión de culturas y de intereses, se pierde en la comprensión
de cada una de ellas si se las asemeja simplemente por alguno de sus
rasgos más generales y compartidos. Eso sucede, también,
cuando la actual globalización es subsumida y confundida con
las anteriores formas de internacionalización e interdependencia
entre regiones.
Es
imposible abordar en esta corta nota el tema de la globalización
en sus múltiples aspectos. Me interesa, en cambio, plantear una
breve reflexión acerca de lo que denominaré la globalización
pasiva y el círculo vicioso difícil pero no
imposible de romper- que es propio de esa dinámica.
Miradas antagónicas
del mundo actual
Existen descripciones apologéticas de los
procesos de globalización. Las mismas anuncian la llegada de
un mundo homogéneo en el que las desigualdades nacionales tenderán
a dejar de existir, beneficiándose especialmente aquellos países
que adoptan iniciativas favorables -en el orden político,
económico y cultural a las nuevas modalidades de integración
en la escena internacional. En el polo opuesto, se encuentran quienes
diabolizan la globalización, considerándola la causante
directa de la mayoría o de la totalidad de los problemas que
enfrentan sus países o regiones.
La
convergencia entre esas visiones antagónicas reside en la eliminación
de matices y de situaciones intermedias. Esencialmente benéfica
para unos y maléfica para otros, la globalización se convierte
en una fatalidad uniforme. Por otra parte, en la medida que en ambas
visiones el deterioro del poder de los Estados frente a los grandes
intereses económicos internacionales se asume como un fenómeno
muy difícil de revertir, las opciones políticas se acotan
en dos casilleros extremos. Para unos, sólo cabe la aceptación
de una realidad mundial que restringe totalmente las iniciativas autónomas;
para otros, la única respuesta es la desconexión internacional
total y el repliegue en estrategias autocentradas.
No
es sorprendente que para las ideologías oficiales de los países
que han seguido la vía de la globalización pasiva, es
decir, que abrieron totalmente sus economías y sus esferas culturales,
sin poner ningún tipo de restricciones a los poderosos actores
y factores internacionales -de carácter privado, estatal
o supragubernamental continuar y profundizar la modalidad de inserción
internacional ya adoptada sea la única alternativa aceptable.
Puede considerarse que los sectores e intereses beneficiados por el
modo que presenta la globalización pasiva son lo bastante fuertes
ideológicamente como para predominar en los debates políticos.
Pero no es menos cierto que las inercias que operan favoreciendo el
mantenimiento de los estilos de inserción mundial, son elementos
que pesan a la hora de optar, y llevan a no intentar modificaciones.
En
el caso de los países que han alcanzado un mayor nivel de desarrollo
económico, el proceso de globalización activo produce
también efectos contradictorios, pero los positivos compensan
los negativos. La posición activa en la estructura del mundo
globalizado les permite a dichos países recoger los beneficios
que provienen de la acción de sus empresas con implantación
mundial, mejorar sus exportaciones y adoptar mecanismos proteccionistas
para impedir la entrada de importaciones en ciertos rubros y, además,
emplear la influencia directa de los aparatos estatales para obtener
ventajas, usando las presiones de la política internacional.
Las relaciones que los actores privados más dinámicos
internacionalmente de Europa y de Estados Unidos, mantienen con sus
respectivas sociedades, no son de plena armonía y acuerdo. La
propensión a invertir en el exterior o a declarar ganancias en
los paraísos fiscales es una cuestión conflictiva,
y los más perjudicados ya sean asalariados, empresas o
sistemas tributarios estatales suelen expresar protestas y objeciones
ante esos aspectos de la globalización. De todos modos, y para
evocar un ejemplo más que ilustrativo, es evidente que las transferencias
de riqueza a los países centrales crean condiciones que favorecen
a la mayoría de la población residente en los mismos,
si bien esto no significa que exista una distribución homogénea
de esos beneficios.
Estados
debilitados
Todos los países que participan de los procesos
de globalización han visto cómo se deterioraron las capacidades
de intervención de sus Estados en distintos dominios de la vida
económica, social y cultural. La existencia de los mercados libres
globales en lo económico y financiero, el retroceso de las antiguas
legislaciones sociales de carácter universalista y la difusión
de nuevas tecnologías para la comunicación cultural, redujeron
el protagonismo administrativo y de control que ejercían anteriormente
los aparatos estatales. En particular, los países que adoptaron
las formas de globalización pasiva desmontaron buena parte de
sus mecanismos de intervención estatal, buscando ofrecer mejores
condiciones a los eventuales inversores extranjeros. Así, los
Estados se hicieron más débiles y, simultáneamente,
aparecieron o se consolidaron actores privados más fuertes. También,
la necesidad de nuevas inversiones extranjeras o el deseo de retener
las existentes, condujo a los gobiernos a suprimir legislaciones laborales
que, supuestamente, entorpecían la competitividad de sus producciones
reales o esperadas.
El
mapa social que quedó trazado por la articulación de los
elementos mencionados y de otros cuyos efectos operaron en el mismo
sentido, tuvo entre sus rasgos principales el aumento de los sectores
socialmente marginados. En general, los gobiernos que impulsan, siguen
o aceptan la vía pasiva de globalización, basan sus estrategias
principales en ofrecer a los inversores nacionales o internacionales
un mínimo de regulaciones estatales junto con condiciones extremadamente
favorables de contratación de asalariados. Los previsibles déficits
fiscales de esos Estados debilitados, en general se han resuelto acudiendo
a los capitales financieros internacionales con el consecuente incremento
de las deudas externas, profundizando así el proceso de globalización
pasiva.
Para
internacionalizar sus producciones culturales, científicas y
tecnológicas, las naciones que ocupan posiciones activas en los
procesos de globalización encuentran situaciones propicias en
los países más rezagados. En estos últimos, los
problemas económicos y sus formas de inserción subordinada
suelen redundar en la imposibilidad de acceder a lo que se denomina
la sociedad de conocimiento. En un mundo en el que la ciencia
y la tecnología asumen el carácter de recursos estratégicos
para mejorar las situaciones de los países, quienes no disponen
de ellos entran en un círculo vicioso que los lleva a encontrarse
cada vez más desaventajados. Los indicadores que mejor reflejan
estas carencias son los bajos presupuestos públicos en educación
y en desarrollo científico y tecnológico. Es interesante
señalar que, a pesar de las condiciones adversas, esos países
registran flujos migratorios de científicos que encuentran en
los países más desarrollados la posibilidad de ejercer
sus vocaciones y sus talentos.
Probablemente,
uno de los tantos efectos que surgen de ese círculo vicioso en
el que quedan atrapados los países con procesos de globalización
pasiva se expresa en las maneras economicistas de pensar de sus élites
dirigentes, que se enfrascan en dilemas permanentes en torno a cómo
hacer ahorros en los presupuestos públicos y creen que las inversiones
en desarrollo cultural, científico y tecnológico son lujos
que sólo pueden permitirse las naciones ricas. Así, las
carencias en materia de desarrollo de conocimientos se reflejan en todas
las instancias de la vida social, tanto en los poderes públicos
como en las empresas privadas.
Una
lógica compleja
Ahora bien, de lo hasta aquí expuesto puede
naturalmente surgir la pregunta sobre las diferencias entre los problemas
del desarrollo/subdesarrollo tal como se presentaron en la etapa anterior
del sistema mundial, y aquellos que son propios de las dos vías
de globalización recién esbozadas. Si, como decía
al principio, la internacionalización y las asimetrías
entre regiones no son una novedad de la época actual, eso no
debe llevar a ignorar los rasgos característicos de cada una
de las etapas. En el período en que los países se diferenciaban
en desarrollados y subdesarrollados, el atraso y las desventajas de
estos últimos, se reconocían en todos y en cada uno de
los elementos que los integraban. Para dar un ejemplo próximo,
las empresas multinacionales que se instalaron en la Argentina durante
el auge de esa modalidad de inversión (1950-70), al operar en
un contexto de insuficiente nivel de desarrollo y protegido por la economía
cerrada, maximizaron sus ganancias sin mayores preocupaciones por las
innovaciones tecnológicas (los casos extremos fueron las firmas
que fabricaron los mismos modelos de automóviles durante más
de una década). Dicho esto de manera más abstracta, la
lógica de la dicotomía desarrollo/subdesarrollo suponía
una situación de aislamiento con respecto a la economía
mundial, que se reflejaba en una tendencia a nivelar hacia abajo a los
agentes que en principio aparecían como portadores de modernización.
Con la globalización se rompe esa dinámica. La globalización
no es, pues, una vuelta de tuerca más de una realidad idéntica
a la de la etapa anterior.
Los
países que participan de los procesos contemporáneos de
globalización registran diferenciaciones internas que atraviesan
prácticamente todas las esferas de su vida social. Si bien la
inserción pasiva en el sistema globalizado presenta las características
generales que hemos visto, su lógica de desenvolvimiento no se
asemeja a un estuche férreo que impone los mismos límites
a todos los actores. Bajo el predominio de las condiciones de globalización
pasiva, nada impide que se expandan activamente en el nuevo contexto
internacional los actores que deciden utilizar los mecanismos que la
época pone a su alcance. La globalización de los discursos
y las acciones de las ONGs dedicadas a la defensa de los derechos humanos
son, sin duda, los más conocidos. Lo mismo han hecho otro tipo
de entidades no gubernamentales. Parece interesante resaltar que hasta
los movimientos de protesta contra la globalización han hallado
en las nuevas conexiones internacionales la base para amplificar su
palabra y su acción. Y las comunidades científicas de
todo tipo de países se han fortalecido con el achicamiento de
las distancias que producen las nuevas tecnologías de comunicación.
La
globalización activa de las empresas más dinámicas
de los países que adoptaron predominantemente la vía pasiva
es, quizás, el fenómeno que mejor sirve para ilustrar
las diferencias con el sistema desarrollo/subdesarrollo de la etapa
anterior. Probablemente, la mayor parte de las empresas de los países
de inserción pasiva, en el proceso actual, han optado por recoger
los beneficios y las ventajas inmediatas de la disminución de
las antiguas protecciones laborales. Sin embargo, el hecho de que no
todas las empresas y los actores sociales adopten esa estrategia, muestra
la complejidad de un problema por ahora muy poco estudiado. Tal como
ocurre con la mayoría de los fenómenos sociales, también
el de la globalización pasiva es un juego con muchas posibilidades
para quienes participan de él. Sus efectos negativos se encuentran
hoy en el centro de las dificultades de muchos países y, no obstante,
los debates sobre las alternativas para tratar de resolverlos ocupan
un lugar bastante secundario.
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