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Silvia Billerbeck aclara: "el acierto del Programa, me parece, reside en que hay una necesidad de instituciones que propongan algún tipo de proyecto en el que la gente de esta edad pueda pensar sus distintas alternativas de vida, cuando se supone que ya la tiene hecha. No hay demasiados espacios en los que las personas mayores estén contempladas como personas que viven". Por otra parte, se trata de desterrar los preconceptos que suponen que la edad acarrea la pérdida de capacidades intelectuales o la disminución de la inteligencia. La Lic. Billerbeck continúa: "ha habido un tiempo de subvaloración del conocimiento de las personas mayores. Sin embargo, ha quedado demostrado que si alguien, no importa la edad que tenga, toma conciencia de que tiene ciertas habilidades, puede emplearlas de maneras múltiples, por ejemplo, trasmitiéndolas. Muchas organizaciones han notado que si una persona mayor se va sin trasmitir su conocimiento acumulado, la organización se reciente en cuanto a su calidad". Una
palabra domina la mayoría de los intercambios entre alumnos y docentes:
gracias. Eduardo Pérez, profesor de uno de los talleres de Computación,
remarca: "no dejo el Programa por nada del mundo. Incluso
antes daba clase en secundarios, pero ahora me quedé solamente
con esto. Es que el agradecimiento permanente de los alumnos revaloriza
tu tarea, y eso no es una cosa que te pase todos los días". No hay que pulsar mucho la cuerda sensible para que, a borbotones, brote de los alumnos ese sentimiento de gratitud hacia el Programa y hacia el lugar que ocupa para ellos. Nelly, otra de las integrantes del grupo de Psicología y una histórica alumna, con más de diez años en los talleres, concluye: "a muchos de nosotros esto nos cambió la vida, nos hizo fortalecer nuestras relaciones con la familia y conocer gente nueva con la que armamos otros grupos de pertenencia. Yo, personalmente, siento que cuanto más tiempo paso acá, más lejos estoy de la muerte".
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