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TodaVÍA / Fundación OSDE / mayo de 2002 ARTES PLÁSTICAS América do Sul, do sol, do sal: el sueño de Armaçaopor
GUILLERMO PIRO
Pesca del viento. Serie de Armaçao, es el título de una serie de objetos y collages de Adolfo Nigro. Estas obras inspiradas en su viaje por tierras brasileñas constituyen, por un lado, un punto culminante en el trabajo que este destacado artista plástico desarrolla a partir de materiales desechados, arrojados al olvido, y por otro, todo un homenaje a la tradición del arte latinoamericano. Nigro no acepta regalos. O mejor dicho, el regalo es aceptado con la grandilocuencia efusiva de quien, agradecido, sabe demostrar cuán feliz lo han hecho, pero el regalo en cuestión jamás llegará al sitio para el que estuvo destinado. Me refiero a los pequeños objetos encontrados, los corchos, los trozos de madera pulidos por el tiempo y el agua, las pequeñas piedras agujereadas, erosionadas por el viento y la arena. En una época yo buscaba objetos para Nigro. En una época vivía pensando en el destino de las cosas, en lo que está escrito en el desecho. Recolectaba basura para él, cosas sin importancia, pero cosas en las que, de algún modo, yo conseguía ver un destino nigriano. El problema es que la sola visión de ese destino implicaba una obra posible y, por lo tanto, muy probablemente mi regalo iba acompañado de un proyecto de obra, que Nigro escuchaba con atención, para saber, creo ahora, exactamente lo que no debía hacer. Porque pareciera que el sólo hecho de que un proyecto estuviera en mi cabeza, como pasa con los sueños, hacía mía esa obra. Y a Nigro no le gusta la intromisión, no le gusta deberle cosas a quien lisa y llanamente no admira con la vocación de los que adoran alimentar una deuda de amor. El objeto en sí podía atraerle, porque tiene ojos para ver y un corazón que siente, pero en tanto el objeto corría de la mano de un proyecto, quedaba descartado desde el vamos. Los objetos tenía que encontrarlos él o no existían. Los objetos de la Serie de Armaçao deben haber sido hallados así. ¿Cuál es entonces la condición para terminar siendo un objeto nigriano? No tanto ser sino ser pasibles de formar parte del mundo nigriano. ¿Y cómo es ese mundo? Es complejo, abierto, solidario y solitario, lleno de cosas para amar y de cosas para odiar, lleno de ruidos y olores y de todas esas cosas que uno automáticamente asocia al espíritu de la poesía. Piénsese en todo el peligroso repertorio de metáforas acerca de la poesía y se estará circulando por el no menos peligroso repertorio de las metáforas asignadas a la obra de Nigro. Lo
cierto es que nosotros no disfrutamos de lo informe y el artista sí.
Disfruta del proyecto en el que acabará catapultado lo informe.
El
artista más valioso es aquel que con mayor libertad es capaz
de poner sus cosas, arrancándolas de sus conexiones
sólidas y falsas. El
objeto, una vez que ha alcanzado el grado de artístico, vuelve
a su remota condición de objeto. Una vez que ha ganado, cuando
ha ganado, ha perdido. Lo que ha perdido es su calidad de basura. Lo
artístico, a partir de ahora, ha pasado a ser lo
aceptado, lo que ha alcanzado la condición de ser enmarcado,
fotografiado, comprado o vendido. Exhibido. Se habla de él. Antes
no era nada, era un objeto entre otros muchos: un arma. Luego, es otra
cosa, algo en plena transformación, algo que está mutando,
algo vivo. Más tarde es obra de arte: objeto otra vez. Sólo
Nigro percibe plenamente el paso de un estado a otro. Lo que nos deja
es el resultado de un proceso perdido, un paraíso. Cada trozo
de cartón, cada matraca, tiene un origen, y en él no entra
nadie más que Nigro. No basta con ser, hay que haber estado allí.
¿Y qué significa estar allí?. Bueno, justamente,
ser, pero ser de un modo, con una carga, que vuelve a esos objetos artilugios
de su propia biografía, de su propio hallazgo. Imaginemos
al artista visto a través de unos prismáticos. Camina
con la vista clavada en el suelo. No importa dónde mire, qué
haga, qué busque, a dónde vaya, parte de su atención
está dirigida a lo que duerme a los costados, desechado, arrojado
al olvido. Busca sin descanso. Siempre solo. Camina, y de pronto se
detiene. Ahí surge algo. Ha visto, apenas dejado por el mar en
la playa, un trozo de madera rota. Hay un cierto respeto, o mejor, una
cierta deferencia, un cierto aprecio, una cierta cortesía en
su manera de agacharse a recogerlo. O tal vez es más: un homenaje,
una veneración, una obediencia. Eso es, con el trozo de madera
rota en las manos lo que se vislumbra es un sometimiento a su voluntad.
Busca, no la ubicación futura de ese objeto en la obra, sino
la explicación de ese amor repentino, de esa condescendencia.
Lo levanta. Mira. Lo guarda en una bolsa. Después lo volverá
a ver. Lo que ahora debe hacer es explicarse qué causó
ese amor. De la mano de esa explicación vendrá sin duda
el entorno. ¿Y ahora? ¿Qué hace? Espera en la orilla la llegada de los barcos de los pescadores. Apenas atracan se lanza a ver el cuadro vivo, la naturaleza muerta de los peces sobre los que se mueven las botas negras de los pescadores de Armaçao. Es una visión del más allá de la vida, total, brutal. Una visión del interior de la vida. Y todo deja su huella, sus marcas en la memoria. Alguna vez, algún día, o tal vez mañana mismo, en Armaçao, volverán a cobrar vida. Después de todo, ¿no se trata de eso, de hacer que todo vuelva a latir, de asignarle a todo un nuevo lugar, un nuevo instante, una nueva oportunidad? Nada escapa a sus propósitos. Todos los objetos están destinados a formar parte de esa ronda. Si no es hoy será mañana. Ya verán. Hagamos un catálogo y encontraremos que la procedencia es tan variada que tanto el mundo metalúrgico como el gastronómico tienen su lugar en el mundo de Nigro. Entra todo. El ámbito mágico entrelazado en un marco histórico, el referente marino incrustado en un entorno aéreo. Nunca vi trozos de hilo más fotogénicos, madera terciada más elocuente, corchos de botella más expresivos, reglas de carpintero más coloridas. Lo que ocurre es que los objetos en sí cargan consigo un dramatismo que Nigro elude. Nigro desdramatiza, esto es, vacía a los objetos de su propio drama, y al incluirlos en un entorno desconocido, que no les estaba destinado, al vaciarlos de sentido llamando a las cosas por otro nombre, pone todo patas para arriba. La poesía está donde parece no estar, y siempre está en un lugar distinto del que se sospecha. Vive de modo extraño en la casa del tiempo, debajo de las escaleras, junto a las bolsas de basura, en las costas de Armaçao. Allí donde todo el mundo pasa de largo y nadie repara en ella.Armaçao es un sembrado de polvo y tierra fértil para el hallazgo, algo así como el paraíso de los recolectores, la tierra yerma donde poder tenderse como lagartos al cielo estrellado de la noche del arte. América do Sul, América do Sol, América do Sal, en ese homenaje a Oswald de Andrade cuaja todo un manifiesto, la puesta a punto de la consigna, su actualización. Todo eso sí, pero también el único barrilete que sobrevivió al desgaste de las olas, el que ofició de soporte, bailando en el aire inmóvil, para observar la noche de Armaçao, un cielo poblado de ojos rojos. Ungido
de Brasil como de una arena purificadora, Nigro no hace más que
retratar sus instantes. Es un artista, un servidor de la pesquisa. Armaçao
es el soporte donde acaban plasmados todos los tópicos: un concentrado
de Brasil, o mejor, un concentrado de aquello que el artista quiere
transformar en tópicos de Brasil, su antología personal
de cosas amadas, su galería de personajes ilustres. Su canon. Ya no hago regalos a Nigro. Tiro todo a la basura, dejo todo donde está. Nada me está destinado. Con los objetos no sé hacer otra cosa que describirlos, a lo sumo regalarlos. Dejo que sigan viviendo su muerte, esperando que el camino de Nigro se cruce con el de ellos. Él plasma el sueño de las cosas. Igual que nosotros, ellas también sueñan con otro mundo posible. Sólo que el de ellas es verdaderamente mejor que el nuestro. La Serie de Armaçao, por ejemplo. Allí está el sueño de Armaçao, ni más ni menos. Pinten, dibujen, esculpan Armaçao, y no harán más que representar al Armaçao que ustedes llevan dentro. Cumplan el sueño de Armaçao, y lo que estarán haciendo es un objeto de Nigro. |