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Señal
para navegantes
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Nada
escapa a sus propósitos. Todos los objetos están destinados
a formar parte de esa ronda. Si no es hoy será mañana. Ya
verán. Hagamos un catálogo y encontraremos que la procedencia
es tan variada que tanto el mundo metalúrgico como el gastronómico
tienen su lugar en el mundo de Nigro. Entra todo. El ámbito mágico
entrelazado en un marco histórico, el referente marino incrustado
en un entorno aéreo. Nunca vi trozos de hilo más fotogénicos,
madera terciada más elocuente, corchos de botella más expresivos,
reglas de carpintero más coloridas. Lo
que ocurre es que los objetos en sí cargan consigo un dramatismo
que Nigro elude. Nigro desdramatiza, esto es, vacía a los objetos
de su propio drama, y al incluirlos en un entorno desconocido, que no les
estaba destinado, al vaciarlos de sentido llamando a las cosas por otro
nombre, pone todo patas para arriba. La poesía está donde
parece no estar, y siempre está en un lugar distinto del que se sospecha.
Vive de modo extraño en la casa del tiempo, debajo de las escaleras,
junto a las bolsas de basura, en las costas de Armaçao. Allí
donde todo el mundo pasa de largo y nadie repara en ella.
Armaçao es un sembrado de polvo y tierra fértil para el hallazgo, algo así como el paraíso de los recolectores, la tierra yerma donde poder tenderse como lagartos al cielo estrellado de la noche del arte. América do Sul, América do Sol, América do Sal, en ese homenaje a Oswald de Andrade cuaja todo un manifiesto, la puesta a punto de la consigna, su actualización. Todo eso sí, pero también el único barrilete que sobrevivió al desgaste de las olas, el que ofició de soporte, bailando en el aire inmóvil, para observar la noche de Armaçao, un cielo poblado de ojos rojos. Ungido
de Brasil como de una arena purificadora, Nigro no hace más que
retratar sus instantes. Es un artista, un servidor de la pesquisa. Armaçao
es el soporte donde acaban plasmados todos los tópicos: un concentrado
de Brasil, o mejor, un concentrado de aquello que el artista quiere transformar
en tópicos de Brasil, su antología personal de cosas amadas,
su galería de personajes ilustres. Su canon. Ya no hago regalos a Nigro. Tiro todo a la basura, dejo todo donde está. Nada me está destinado. Con los objetos no sé hacer otra cosa que describirlos, a lo sumo regalarlos. Dejo que sigan viviendo su muerte, esperando que el camino de Nigro se cruce con el de ellos. Él plasma el sueño de las cosas. Igual que nosotros, ellas también sueñan con otro mundo posible. Sólo que el de ellas es verdaderamente mejor que el nuestro. La Serie de Armaçao, por ejemplo. Allí está el sueño de Armaçao, ni más ni menos. Pinten, dibujen, esculpan Armaçao, y no harán más que representar al Armaçao que ustedes llevan dentro. Cumplan el sueño de Armaçao, y lo que estarán haciendo es un objeto de Nigro.
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