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TodaVÍA
/ Fundación OSDE / mayo de 2002
INTEGRACIÓN
Lo evidente
y lo latente:
la educación en los procesos de integración
por SILVIA
FINOCCHIO
Investigadora de FLACSO
La discusión sobre qué identidades
culturales debe promover la institución escolar adquiere un peso
particular en una época signada por el respeto a la diversidad.
En este sentido, la reformulación de los contenidos de los programas
de historia y geografía y el reconocimiento de los estudios básicos
entre los países miembros del Mercosur abren alternativas para
proyectos comunes.
Fue la
escolarización, en primera instancia, la que puso los moños
el 25 de mayo en la cabeza de los chicos, la que promovió las
lecturas alusivas a los próceres, la que impuso los ademanes
graves en señal de respeto y honor a los símbolos nacionales.
Por encima de todos los ideales y los sentimientos, la escuela se encargó
durante décadas de inducir en el ánimo de niños
y jóvenes, el "amor a la Patria".
Autoritaria
por su acción homogeneizadora y al mismo tiempo democrática
por su carácter de "dadora" de conocimientos dar
de leer, dar de escribir, dar cuentas, dar historia, geografía,
química o física, la escuela imponía una
identidad fundada en la nación e integraba bajo una promesa:
la de ser puente a una existencia de mejores condiciones.
Algo
diferente se insinúa hoy, en tiempos en que la escuela compite
con otros elementos culturales, como los medios de comunicación
de masas, y el respeto a la diversidad cultural ha comenzado a constituirse
en un valor. No parece admisible que, en la actualidad, maestros y profesores
transmitan un patrón cultural homogéneo que obliga a que
todos tengan idénticos hábitos de comida, idénticas
costumbres familiares, idénticos gustos literarios o artísticos,
idénticas formas de pensar o de hablar. Esto es, que la escuela
crea necesario asegurar uniformidad para construir unidad.
A
pesar de reconocer estos cambios, también es evidente que no
hay renuncia consciente de la vieja idea de nación. Dos pensamientos
lineales y simples se siguen escuchando en las aulas: "somos una
sociedad privilegiada" (de boca de maestros voluntaristas) y "no
somos nadie" (de boca de alumnos apesadumbrados). Ambos son el
reflejo de un presupuesto ideológico arraigado y categórico
que entiende a la nación argentina como resultado de "una
historia" y "una geografía".
"Somos
una sociedad privilegiada" deriva de "una historia" que
cuenta las hazañas de unos héroes y de "una geografía"
que describe un país vasto, rico y de clima benigno que promete
bienestar para todos. "No somos nadie" proviene del reciente
trastrocamiento social, traducido en deterioro de la subjetividad y
de las condiciones de vida, responsable de la frustración de
aquella historia y aquella geografía. Se interrumpió el
progreso por medio del trabajo tal como fuera concebido hace más
de cien años. Se perdió la identidad configurada sobre
la base del ascenso social.
Evidencias
de continuidades y de rupturas, en los intercambios entre maestros y
alumnos y en el registro de la enseñanza y de los aprendizajes
a través de los cuadernos de clase, plantean algunos de los grandes
retos de la escuela actual: ¿qué recorte de la cultura
transmitir? ¿qué identidades promover? ¿cómo
lograr que la escuela sea una dadora de oportunidades para que niños
y adolescentes lleven a cabo iniciativas culturales ajustadas a sus
intereses y a las necesidades sociales?
La
apuesta de discutir estos dilemas del quehacer de maestros y profesores,
y de avanzar sobre ellos con propuestas concretas para la práctica
educativa, supone pensar qué sentidos debe transmitir la institución
escolar en tiempos tan vertiginosos como los que nos toca vivir.
Algunos
esfuerzos dirigidos al desarrollo de una conciencia ciudadana favorable
a una integración respetuosa de la pluralidad y diversidad cultural
arrojan interesantes indicios. Entre ellos, cabe mencionar algunos de
naturaleza estatal y otros del propio ámbito de las instituciones
escolares.
Desde
el inicio, los Estados del Mercosur tuvieron en claro que sellar los
compromisos de integración suponía trascender la esfera
económica e incorporar las dimensiones de la ciudadanía
y de la identidad.
Para
desterrar prejuicios y fomentar actitudes de tolerancia, convivencia
e integración había que sortear dos concepciones peligrosas
y anteponer un criterio histórico en el seno de las propias burocracias
educativas.
Una
de las nociones riesgosas es la que asimila la integración a
la destrucción de las identidades nacionales y de los particularismos
culturales. La otra supone que las experiencias nacionales son irreconciliables
con una identidad regional.
El
criterio histórico a considerar refiere al carácter cambiante
de las identidades culturales y políticas. Esto significa admitir
que la historia incluye no solo instancias de conflicto o enfrentamiento
sino también de proyectos, experiencias y emprendimientos compartidos.
No
sin superar del todo las aprensiones, obsesiones, obcecaciones y ofuscaciones
se echaron a rodar algunas ideas que derivaron en concreciones tales
como el reconocimiento automático de los estudios básicos
entre los países miembros del Mercosur. Por ello, un niño
que cursa la Enseñanza Fundamental en Brasil puede ingresar directamente
al año que se le corresponda en la estructura del sistema educativo
de Uruguay, Paraguay o la Argentina. Y, recíprocamente, con la
misma posibilidad cuenta todo niño uruguayo, paraguayo o argentino.
Además,
se inició la revisión de los contenidos de la enseñanza
de la historia y de la geografía en estos países y se
promovió el debate entre investigadores y educadores en sendos
encuentros que definieron como temas comunes a desarrollar en las propuestas
curriculares: el estudio histórico de diferentes etnias, las
fronteras como espacio de intercambio y aislamiento, el pasado colonial
en la perspectiva de estudios comparados, el estudio de los conflictos
nacionales en una perspectiva regional, las dictaduras militares recientes
en América Latina y los circuitos del exilio, la producción
cultural en perspectiva histórica, los flujos económicos,
financieros y tecnológicos, las ciudades, las redes de transporte
y de comunicación, entre otros.
La
enseñanza de la historia y la geografía aporta a la visión
de sí mismo y a la visión sobre los otros, esto es, a
la representación sobre el propio país y a la mirada sobre
los países vecinos. Los estereotipos encarnados en estas figuras
uno mismo y el otro son definitorios a la hora de facilitar
o bloquear la predisposición a la integración.
En
este sentido, un interesante aporte a la región ha realizado
la investigación sobre "La visión argentinochilena
sobre el país vecino" en el sistema escolar. Diagnóstico
y perspectivas." codirigida por Luis Alberto Romero y Manuel Antonio
Garretón, como resultado de un acuerdo entre las Universidades
de Chile y de Buenos Aires y del apoyo brindado por la Fundación
Antorchas y la Embajada de Chile en la Argentina.
Asimismo,
las políticas lingüísticas de los sistemas educativos
alentaron la enseñanza de las lenguas oficiales del Mercosur,
el español y el portugués. Al respecto, los avances del
Brasil son más notorios, en tanto este país instauró
el español como segunda lengua obligatoria en las escuelas.
Por
su parte, tres universidades nacionales de la Argentina la Universidad
de Buenos Aires, de Córdoba y del Litoral aportan a este
proceso de integración lingüística a través
de la conformación de un consorcio para la implementación
del examen de conocimiento y uso del español como lengua extranjera.
Este examen, que certifica niveles de dominio cualquiera haya sido el
ámbito de aprendizaje, tiene como principal horizonte el Brasil
y apunta a fortalecer la variedad latinoamericana en el uso del español.
Cabe
mencionar también el inicio de una implementación experimental
de acreditación para el Mercosur de las carreras de Medicina,
Ingeniería y Agronomía, con el fin de avanzar en la compatibilización
de títulos y habilitaciones profesionales. La circulación
de personas y enriquecimiento mutuo en el desarrollo conjunto del conocimiento
es una de las compuertas que se abre a medida que los procesos de integración
se ponen en marcha.
No contamos con un relevamiento exhaustivo, hasta el momento, de las
experiencias institucionales referidas a la integración. Sin
embargo, sabemos de su existencia, su variedad y su calidad. Solo para
dar cuenta de algunos ejemplos, mencionaremos dos.
Una
de ellas alude a la práctica de intercambio entre alumnos de
la Escuela Superior de Comercio Manuel Belgrano dependiente de la Universidad
Nacional de Córdoba y el Colegio de Aplicación de la Universidad
Federal de Santa Catarina, que se desarrolla con gran éxito desde
hace varios años.
Ver
al otro, conocerlo, valorizarlo en su realidad y como consecuencia de
ello, reflexionar sobre el diálogo entre las culturas, son los
retos que se plantean ambas escuelas. El intercambio entre docentes
permite aportar, a su vez, en lo referido al currículum y las
prácticas escolares.
Otra
de las experiencias educativas consiste en el uso de fuentes orales
en la enseñanza. Se lleva a cabo desde 1998 en escuelas primarias
de la Ciudad de Buenos Aires que cuentan con un número importante
de niños procedentes de países limítrofes. En términos
formativos, esta propuesta contribuye a atender desde las aulas la conflictividad
afectiva, social y cultural de la experiencia migratoria, en el contexto
histórico actual.
Si
el conocimiento ha recuperado un lugar central en el debate acerca de
las estrategias de desarrollo económico y social, es de suponer
que se considere a la educación como herramienta fundamental
para la constitución de la ciudadanía y el crecimiento
económico.
A
su vez, el escenario de profunda crisis recoloca prioridades y la educación
se encuentra entre ellas, en tanto le cabe entre sus tareas fundamentales
el fortalecimiento de la democracia, el incremento de la igualdad social
y el aporte a la estabilización económica.
Para
pensar si es posible el futuro se debe advertir que el posicionamiento
del Estado, de las familias, de los docentes y de los alumnos con respecto
al papel de la escuela es central frente a la corrosión de la
mayoría de las instituciones.
Una
educación contextualizada y atenta a los intereses sociales está
latente.
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