La coordinación macroeconómica en el mercosur
 

 

– Seguir trabajando para la convergencia de las variables macroeconómicas fundamentales en la línea acordada en Florianópolis, pero estableciendo mecanismos de castigo para el período de transición.
– Crear instancias institucionales para tratar efectos especiales de grandes shocks macroeconómicos, sobre todo cuando ello implique fuertes desvíos del tipo de cambio real en el corto plazo. Se podría comenzar a utilizar como patrón de referencia en las negociaciones una canasta de monedas con ponderadores basados en el comercio del Mercosur.
– Establecer claramente cuál es el régimen permanente buscado. Según nuestro punto de vista, lo mejor sería una unión monetaria a largo plazo.
– Desarrollar mecanismos para explotar ventajas mutuas en lo macroeconómico (fondos de reserva regionales, integración financiera, etc.).

Para avanzar con esta agenda, las palabras clave son cooperación, coordinación y armonización. La cooperación es indispensable para construir las instituciones que hagan posible explotar las oportunidades y establecer mecanismos de castigo que vuelvan confiables los compromisos. La coordinación es vital para el diseño y la eficiencia en la implementación de políticas que tienen a la región como ámbito. Por último, la armonización de regulaciones y de metas para las variables macroeconómicas fundamentales facilita la coordinación y la cooperación a la par que desalienta conductas oportunistas.

La pregunta sobre cuál sería la mejor estrategia para el manejo de los problemas macroeconómicos del bloque no puede contestarse haciendo abstracción de la marcha general del proceso de integración. Resultaría ingenuo ignorar el hecho de que el Mercosur enfrenta hoy grandes desafíos y que diferentes rumbos son posibles a partir del presente. Desde la perspectiva macroeconómica, algunos de esos rumbos no son excesivamente demandantes en términos de coordinación. Si el impulso que dio origen al Mercosur se diluye en una mera zona de libre comercio es por desinterés o falta de habilidad para resolver los problemas que plantea la formación de una unión aduanera y para asumir, posteriormente, el camino hacia una integración más y más profunda. En un escenario de estas características, el problema de la estabilidad macroeconómica sería un problema a resolver, básicamente, en el ámbito nacional.

La cuestión de la coordinación sólo adquiere sentido pleno y alta relevancia en la perspectiva futura del Mercosur, si los estados que lo componen se mueven con decisión y firmeza hacia la integración profunda. Nosotros creemos que ésa es la mejor opción que tienen para crecer e integrarse en la economía globalizada, dado el escenario actual de creciente proteccionismo en el Norte.

Más allá de las cuestiones técnicas, la principal razón para buscar la convergencia en la evolución macroeconómica es geográfica y política. Como vecinos, los países del bloque están condenados por la geografía a comerciar y a buscar juntos su lugar competitivo en el mundo. Pero, además, en las actuales circunstancias de convulsión mundial, el Mercosur aparece con un rol de hecho: se lo percibe como un factor de estabilidad política en un área libre de conflictos. El fracaso del Mercosur, entonces, afectaría sensiblemente el prestigio y la credibilidad de los países de la región.