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Sin embargo,
como cualquier otra, una política lingüística puede
triunfar o fracasar. Un
ejemplo de éxito es la imposición del hebreo en Israel para
inmigrantes que venían de decenas de países con centenares
de lenguas distintas; un ejemplo de fracaso, la conversión del
hindi en lengua general de la India. ¿Cuáles
son las condiciones para que una política lingüística
triunfe? Por
un lado, un buen conocimiento de la realidad de partida. Esto incluye,
en primer lugar, un conocimiento de las lenguas usadas en el territorio.
Para ello hace falta un censo lingüístico, con todas las dificultades
que comportan las preguntas acerca del uso y el conocimiento de lenguas,
porque las representaciones acerca de lo que es saber una lengua varían
mucho, y porque inciden factores como el prestigio y la cohesión
grupal (para dar un ejemplo: es posible que un bilingüe castellano-lengua
indígena no declare esta última, por más que la domine;
mientras que un bilingüe castellano-alemán, aun cuando su
alemán sea rudimentario, lo exhiba orgullosamente). Aquí
interviene, precisamente, el segundo factor a conocer: el discurso circulante
acerca del prestigio y la utilidad de las distintas lenguas. Por cierto
que, al tratarse de discurso, se lo puede ir modificando con un contradiscurso.
Hay que tener en claro que la lengua es un elemento vigoroso de la identidad
social, pero las identidades se construyen discursivamente. Por
eso, se debe considerar que hay una relación mutua entre discurso
identitario y lengua: si se quiere que, por ejemplo, triunfe la enseñanza
del portugués en la Argentina, no solo habrá que crear las
condiciones técnicas para hacerlo formación de docentes,
materiales de estudio, legislación, etc., sino que también
habrá que "propagandizar" esa enseñanza. Pero
ni siquiera eso bastará: habrá que combinarla con una enseñanza
de la historia común de los pueblos latinoamericanos, de la geografía,
de la cultura; en suma, habrá que enmarcarla en la construcción
de una identidad que rivaliza con la identidad hispánica y la panamericana.
Por lo demás, la política y la planificación lingüísticas
requieren de especialistas; se trata de cuestiones complejas, de las que
aquí hemos podido dar sólo unos rasgos sucintos. Con
todo, una cuestión central para que una política lingüística
triunfe es la voluntad política de llevarla a cabo. Toda política
lingüística se enmarca en proyectos políticos más
amplios, y cuando hay sectores que preferirían que la Argentina
se integrara al Tratado de Libre Comercio de las Américas (ALCA)
en lugar de fortalecer el Mercosur, se comprende que hay aquí varios
proyectos competidores. Si
bien sus consecuencias político-lingüísticas no son
directas ni mecánicas, resulta evidente que el apoyo al segundo
de ellos debilita en el imaginario social la necesidad de la enseñanza
del portugués y que, en cambio, la enseñanza más
extendida de este idioma contribuiría a forjar la identidad latinoamericana
y fortalecería la voluntad de integración en el Mercosur.
Por
último, una consecuencia fácil de advertir: cuando un país
no emprende su propia política lingüística interna
y externa se ve sometido a la política de terceros países
(y mi sobrino Miguel tendrá que seguir sufriendo las correcciones
de su profesora de español). |
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